¿Por qué nos decepcionarán las candidaturas ciudadanas?

La promoción hecha a la iniciativa que reforma diversas fracciones del artículo 35 de la Constitución para incorporar mecanismos de democracia directa y de participación ciudadana partió de un argumento simple pero irrebatible en el terreno de la lógica: el de la necesidad de reconectar a la acción ciudadana con el proceso político democrático. Desde 2009, con la primera iniciativa lanzada por el presidente Felipe Calderón, sus partidarios buscaron persuadir a la opinión pública que con dicha iniciativa podría aumentarse la participación y la incidencia de la ciudadanía en el ejercicio del poder y reestructurar al sistema político mexicano en lo relativo a la toma de decisiones. Si se acuerda que existe un “déficit” de representatividad en el terreno de los partidos entonces, a ojos vistas, tal reforma es necesaria y su adecuación a las leyes secundarias inaplazable.

Organizaciones de la sociedad civil también promovieron las virtudes de impulsar una reforma política urgente, que pudiera abrir espacios a aquellos ciudadanos que no se sintiesen representados en el actual sistema de partidos. Según el colectivo ¡Reforma política ya! Con esta medida se podría conseguir al mismo tiempo la “pluralización” de las alternativas de los electores. Tanto el gobierno de Calderón como los actuales grupos de ciudadanos y activistas coinciden en que tales cambios podrán tener un impacto considerable en la representación y la comunicación con los propios ciudadanos, en la estructura de la competencia y de las campañas e inclusive en el régimen de partidos políticos, al ofrecer a los militantes que buscan escindirse de sus organizaciones una alternativa real para continuar en la competencia electoral. Nada más perfecto: “restar poder a los políticos para dárselo a los ciudadanos”.

Con todo, esta reforma está destinada a la marginación. ¿Por qué? Porque se busca resolver problemas políticos con criterios ético-idealistas. Así, se plantea que la ineficacia y negligencia de los políticos mexicanos serán corregidas con la ciudadanización, la democratización y la transparencia de los órganos del Estado. Pero ni el Estado ni sus órganos son ciudadanos ni “democratizables”. De ahí que las candidaturas ciudadanas no puedan servir para transformar de manera radical al sistema político porque el ciudadano no abandonará nunca su condición de político ocasional con lo que el problema de la representación política, el “déficit de representación”, se verá agravado. ¿O quién se sentirá representado por un ciudadano improvisado, carente de ideología o sin propuestas programáticas concretas? ¿Es así como se alcanzará la “pluralización” de las alternativas de los electores? 

Aunque loable, la figura de ciudadanos que pueden auto-postularse por cargos de elección popular ponen al individuo en solitario frente al poder de los políticos y sus organizaciones, como partidos y redes de implantación nacional, que tienen un gran poderío político-económico. Y aun cuando se le permita competir al ciudadano común y corriente bajo reglas similares a la de los partidos, suponiendo que los congresos locales y el congreso federal acepten superar los mínimos que establece la propia reforma, será imposible que exista una competencia equitativa. Al final serán los partidos quienes se impongan para cumplir la función de la canalización de los conflictos y demandas de la sociedad, tarea imposible de transferir a los individuos sin partidos ni ideologías. Al final, como sucede en todas las comunidades organizadas políticamente, prevalecerá la fuerza del Estado de partidos.

 



1 comentario

  • Leobardo Cabrera Esparza

    Estimado Rafael, es muy interesante el planteamiento, coincido con su planteamiento, yo agregaría que el sistema político mexicano está diseñado para que sean los partidos quienes sean los principales protagonistas en las decisiones del quehacer nacional, ya que con que ideología un ciudadano que logre la representación en la Cámara de Diputados votará el proyecto de Ley de Ingresos-Presupuesto de Egresos, o bien, votar por una reforma educativa y otra mas que forman el marco normativo nacional, en fin la reforma está, habrá que asimilarla. Saludos

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