¿Hacia un nuevo federalismo electoral?

Rafael Morales

Con el proyecto de decreto dado a conocer este día por el que se reforman y adicionan diversos artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia política-electoral, quedan despejadas las dudas sobre el alcance que podrá tener la reforma en aspectos tan relevantes como el federalismo electoral. Aunque el tema de la creación de una nueva autoridad electoral se había lanzado desde noviembre de 2012, fue apenas en el mes de agosto de este año cuando la burocracia electoral de las entidades federativas entendió que estaba en riesgo su existencia y para cuando quiso opinar fue demasiado tarde pues las negociaciones ya estaban muy avanzadas. Ni los gobernadores habían salido a tiempo en su ayuda.

Aunque el proyecto de decreto no desaparece formalmente a los institutos electorales, los cambios propuestos les arrebatan tal cantidad de funciones que de facto los vuelve instituciones marginales en el proceso de organización de las elecciones de sus entidades. Si el proyecto de decreto prospera en la discusión de las Comisiones Unidas del Senado de la República, los institutos estatales tendrán que transferir las siguientes facultades al Instituto Nacional Electoral, como:

    1. La capacitación electoral y educación cívica;
    2. La geografía electoral, el diseño y determinación de los distritos electorales y la división del territorio en secciones electorales;
    3. El padrón y la lista de electores;
    4. La ubicación de las casillas y la designación de los funcionarios de sus mesas directivas;
    5. Las reglas, lineamientos, criterios y formatos en materia de resultados preliminares; encuestas o sondeos de opinión; observación electoral, y conteos rápidos;
    6. La fiscalización de los ingresos y egresos de los partidos políticos y candidatos.

Además, debe considerarse que los institutos electorales pierden también el poder para decidir los mecanismos de acceso a la burocracia electoral tales como la selección, ingreso, capacitación, profesionalización, promoción, evaluación, rotación, permanencia y disciplina correrían a cargo del propio INE. Si a esta pérdida se le suman las atribuciones que ya estaban en manos de la autoridad electoral federal, como la distribución de los tiempos de Estado en radio y televisión, resulta que la burocracia electoral de las entidades sólo podrá atender las funciones que le asigne la Constitución para su ámbito local y en aquellas materias que no estén expresamente reservadas al Instituto Nacional Electoral, como

    1. Los derechos y el acceso a las prerrogativas de los candidatos y partidos políticos;
    2. La preparación de la jornada electoral;
    3. La impresión de documentos y producción de materiales electorales;
    4. Los escrutinios y cómputos en los términos que señale la ley;
    5. La declaración de validez y el otorgamiento de constancias en las elecciones locales;
    6. El cómputo de la elección del titular del poder ejecutivo;
    7. Los resultados preliminares; encuestas o sondeos de opinión; observación electoral, y conteos rápidos.

Se pensó que dejar a los institutos en sí mismo garantizaría el respeto a la soberanía de los estados. Pero, como se advierte, los institutos quedarían reducidos a la mera jornada electoral (organización, escrutinio y cómputo y validación). ¿Qué sucederá entonces con el grueso del funcionariado cuyas labores ya no tendrán justificación? Más aún, si los consejeros locales serán designados centralmente por el INE como se plantea en la propuesta de reforma ¿a qué terminará reduciéndose la autoridad electoral, sin atribuciones sustantivas ni herramientas para ejercer un arbitraje político efectivo en los estados? Aun cuando se mantengan las dos estructuras administrativas es claro que la nueva institución habrá por centralizar el proceso electoral, dejando a los estados apenas con el decoro de mantener instituciones electorales sin poder de decisión.

El INE sí es un instituto nacional. Y los gobernadores, los grandes damnificados de la reforma electoral, tragaron el anzuelo.



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