El estado que guarda la Nación

Rafael Morales

Enrique Peña Nieto llega hoy a su primer informe de gobierno para renovar las expectativas sobre el futuro de México. Con el bono dejado por la incompetencia de los gobiernos del PAN y la cómoda ventaja obtenida en las urnas, el presidente busca persuadir que la vertiginosa política de reformas producto de una efectiva alianza cupular es la estrategia correcta para romper con la inercia del pasado, el medio idóneo para proyectar al país hacia la consolidación del proyecto modernizador de los noventa, que la derecha no pudo o no supo como concluir.

A nueve meses de iniciado el gobierno, lo que prevalece no son las reformas ni la modernización sino un conflicto histórico terminante que se refleja en la fractura entre las elites, y al que se ha querido superar de forma ficticia mediante una alianza transitoria entre fuerzas político-ideológicas imposibilitadas para integrarse en una sola fuerza hegemónica, dentro del Estado. Y es la permanencia de este conflicto, el de un tripartidismo de Estado provisional, sin integración, el que expresa de forma más clara la crisis de toda la estructura política en México.

Esta crisis adquiere ya ha adquirido un corte histórico pues supera todas las coyunturas políticas y ciclos económicos para prevalecer y extenderse durante décadas y atravesar generaciones enteras. En su expresión más acabada, la crisis es la incapacidad del orden político para mantener la coexistencia entre a) formas de control mafioso-clientelares con sus centros autónomos de poder coercitivo y prácticas económicas anti-liberales de tipo crony capitalism con b) esquemas de transparencia, oposición y participación política y fórmulas de liberalización y competencia económicas regulada.

Detrás del Informe se anticipa ya el fracaso del nuevo sexenio para llevar la disputa por la Nación a una fase terminal, pues el Pacto, la imposición por mayoría y la entrega de los Bienes de la Nación no ofrecen las condiciones para ello sino para la posposición o el agravamiento del conflicto. Sólo cuando una de las fuerzas antagónicas adquiera la total hegemonía, con el respaldo de un liderazgo intelectual y moral, la sociedad estará en condiciones para transitar hacia un nuevo orden. Mientras, las contradicciones entre ambas formas seguirán agudizándose.



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