PRD, el momento de la hegemonía.

Rafael Morales

Aureoles

El hecho histórico que hoy permite que ambas cámaras del Congreso sean presididas por el PRD es un resultado táctico, un subproducto del Pacto por México, diseñado por el grupo dirigente, con el que el partido obtuvo un equilibrio de compromiso con la elite gobernante.

El objetivo de la dirigencia encabezada por la corriente Nueva Izquierda (NI) ha sido avanzar en sus posiciones ideológico-programáticas y alianzas dentro del Estado, con dos frentes: al interior, con la creciente influencia en la dirección electoral y legislativa; al exterior, con la promoción de la socialdemocracia como plataforma política de carácter continental.

Ambos frentes se enrocan con el acuerdo orgánico de NI con el grupo de intelectuales del Instituto de Estudios de la Transición a la Democracia (IETD), cuya cabeza de fila es José Woldenberg. A este grupo se le delegó la tarea de elaborar los contenidos culturales de la nueva doctrina de la Izquierda Democrática, que será promovida permanentemente en todo Latinoamérica.

Con la presidencia del Instituto Nacional Electoral, NI y el IETD sellan un compromiso con rango de Estado, con el que la propia NI asegura la difusión de su doctrina. El acuerdo está diseñado para profundizar una reforma electoral que le dé el control de los institutos estatales, clave para romper con los monopolios políticos de las corrientes antagónicas que están enclavadas territorialmente.

Con la representación del Congreso, el PRD avanza con efectividad en el control de la agenda mediática anti-reformista, base de su campaña para las elecciones de 2015. Pero también en la lucha de posiciones territoriales. Los compromisos se cierran con Silvano Aureoles para Michoacán, Beatriz Mójica para Guerrero y con Luis Miguel Barbosa para Puebla.

El PRD se encumbra como Partido de Estado al presidir el Congreso General. Y es justo hoy que la dirigencia lleva al partido a la cúspide del poder cuando enfrenta el desafío más grande. MORENA, su máximo oponente, no es un adversario electorero sino una fuerza que busca desplazar su doctrina moral y su sistema de alianzas políticas e ideológicas por la vía del nacionalismo.

El momento de hegemonía que vive el PRD es clave para su supervivencia ante el avance de lo que será la izquierda nacionalista y sólo podrá mantenerse a costa de un continuo equilibrio inestable, un compromiso trágico entre el sacrificio de los intereses del partido y el reconocimiento parcial de los intereses del grupo dominante.



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