¿Puede la sociedad gobernarse a sí misma?

Rafael Morales

La crisis de seguridad que atraviesa México ha cuestionado directamente la legitimidad de la clase política. La crítica enderezada por distintos sectores sociales es extensa y va desde su falta de representatividad, pasando por su ineficacia probada, hasta la acusación por la abierta impunidad con la que actúan.

Para remediar los males, se presume, debe producirse urgentemente un reemplazo de los equipos políticos, porque cambiando a los gobernantes se cierra la posibilidad de que los males sigan profundizándose, todo lo cual permite percibir que el mal gobernante tiene asegurado por lo menos el repudio social.

En medio de la crisis, la sociedad que vio satisfechos sus ánimos justicieros se pliega a los rumores que hacen creer que sólo alguien distante del poder puede gobernar cuando la clase política se ha envilecido. ¿Quién debiera reemplazar al mal gobernante cuando todos los representantes están cuestionados?

Desde la sociedad, según se cree, las alternativas serían diversas, pues sus integrantes son un dechado de virtudes, incapaces de corromperse por la seducción maldita que produce el poder y la soberbia que nace de la necesidad del reconocimiento y la admiración por los demás. Por ello, la sociedad puede gobernarse a sí misma.

La nueva fórmula consiste en revivir la figura moral del Rector universitario. ¿Quién más que un personaje que está detrás de la abnegada labor de educar al pueblo para dirigir los destinos de una comunidad, ahí cuando sus políticos han fracasado? ¿Quién más que un Humanista desinteresado y distante del poder para demostrarlo?

La miseria de esta propaganda está en negar lo que les inmanente a la política, es decir, el interés de dirección de las grandes comunidades humanas, y de aquello que permite que un grupo de personas puedan dedicarse a dicha actividad, a partir de la superación del ámbito doméstico o de las necesidades cotidianas de la vida.

La idea de que los Rectores están asumiendo el poder en la crisis sólo porque las universidades tienen el índice más alto de confianza es una estulticia sólo digna de escritores que como Sara Sefchovich creen que el ejercicio del poder puede prescindir de la dirección y de una clase de personas dedicadas exclusivamente a la política. http://m.eluniversal.com.mx/notas/articulistas/2014/11/73125.html

Porque ni la ética ni la moral universitaria son suficientes para resolver las contradicciones políticas que se traban en el Estado. Este es el drama. A no ser que se crea, como Sefchovic, que se podrá gobernar desde las aulas, aislados de la lucha política, en nombre de algún tipo anacrónico de Autonomía Universitaria.



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