Strong democracy, el modelo de participación ciudadana de Benjamin Barber

Rafael Morales

De acuerdo a la última encuesta sobre cultura política y prácticas ciudadanas (ENCUP 2012) los mexicanos mostraron que ante la existencia de un problema que afecte a la ciudadanía, las prácticas más frecuentes a las que recurren para dar respuesta son organizarse con otras personas, quejarse ante las autoridades o firmar cartas de apoyo. No obstante, el 44 por ciento de la población entrevistada, respondió que para colaborar en una causa común es difícil o muy difícil organizarse con otros ciudadanos. ¿Qué sucede en la percepción pública que en pleno auge de la participación cívica los ciudadanos parecen no encontrar alternativas para incidir en el entorno social?

En su clásico, Strong democracy, Benjamin Barber advirtió lo que a su juicio sería la participación política para una nueva era: la de la política entendida como una forma de vida. La idea de una democracia fuerte, señala,” descansa en la idea del auto-gobierno de una comunidad de ciudadanos quien están unidos menos por la homogeneidad de intereses que por la educación cívica”. Para Barber, esta comunidad está hecha por la habilidad para tener sus “propósitos comunes y acciones mutuas por la virtud de sus actitudes cívicas y sus instituciones de participación más que de su altruismo o de su bondad natural”. (Barber, 1984: 117). Siguiendo a Barber, este modelo cobra relevancia por desafiar a la política de elites o de masas y presentarse como una alternativa real a una democracia más débil, instrumentalista, representativa, democrática-liberal.

La idea de la democracia fuerte abreva de viejas teorías de la comunidad, la educación cívica, y la participación. Así, el modelo de Barber debe verse como un modo de vivir. Gracias a la política democrática hace posible la cooperación y una aproximación a la concordia, un reino potencialmente de apertura, flexibilidad y promesas. Esta es una idea muy común entre los teóricos de la democracia, pues según John Dewey, la democracia no es una forma de vida de asociación sino “la idea de una comunidad de vida en sí misma”. Esta es la respuesta más simple a la pregunta que hiciera John Dunn sobre qué es exactamente lo que hace ser demócratas a todos en el mundo contemporáneo (Dunn, 1981: 15), justamente en una época donde la democracia no enfrenta rivales que cuestionen su legitimidad.

Aquí el Programa para una Democracia fuerte, para la revitalización de la ciudadanía creado por Barber:

  • Un sistema nacional de asambleas de barrio, de uno a cinco mil ciudadanos.
  • Una cooperativa nacional de comunicaciones cívicas para regular el uso cívico de las nuevas tecnologías de las telecomunicaciones y supervisar el debate y la discusión de los insumos de los referéndums.
  • Un servicio de videotex y de educación postal cívica para hacer más equitativo el acceso a la información y promover la completa educación cívica de todos los ciudadanos.
  • Experimentos en des-criminalización y leyes informales de justicia por un compromiso local de todos los ciudadanos de un grupo.
  • Una iniciativa nacional y de procesos de referéndum que permita las iniciativas populares y el referendo sobre la legislación de los congresos, con una formato multi-elección.
  • Votaciones electrónicas experimentales, para educación y propósitos de consulta únicamente, bajo la supervisión de Cooperativas Cívicas de Comunicación.
  • Elecciones locales selectivas para autoridades locales por sorteo, con incentivos de paga.
  • Experimentos con sistemas internos de voucher para seleccionar escuelas, proyectos de asilos públicos, y sistemas de transportación.
  • Programa universal de servicio ciudadano, incluyendo la opción del servicio militar para todos los ciudadanos.
  • Patrocinio público de programas voluntarios locales en trabajo en común y acción común.
  • Apoyo público para experimentos en democracia de workplace, con instituciones públicas y modelos de alternativas económicas.
  • Una nueva arquitectura del espacio público y cívico.

Este Plan, inexplicablemente olvidado por la nueva oleada de activistas de sofá (diletantes, hacktivistas, e indignados de toda laya) representa el esfuerzo más serio de sistematización para crear una verdadera comunidad cívica, entendida como una plataforma desde la cual proyectar una democracia concreta, sobre la base efectiva de la participación ciudadana, la conformación del espacio cívico-público y la elección de las autoridades locales. A diferencia de los actuales promotores de los esquemas de consulta popular, que se quedan únicamente en las reformas constitucionales, este modelo va de abajo hacia arriba, con una comunidad integrada socialmente, con lo cual se pueden ensayar soluciones inmediatas a problemas como el de la criminalidad y la marginación social. Es necesario regresar a su discusión ante el declive del compromiso cívico y frente a las fórmulas que buscan la sustitución digital de la democracia y la representación política.

Referencias

Barber, Benjamin (1984). Strong Democracy: Participatory Politics for a New Age. Berkeley: University of California Press.

Dunn, John (1981). La teoría política de occidente ante el futuro. México: FCE.



Deja un comentario